23 de enero de 2007

Catarsis...por Paulina.

Amigos, pido disculpas por el espacio que utilizaré.


Serge:

Podría mi alma quedar en pleno letargo las mismas veces que recuerdo quién soy yo, con tan sólo el pronunciar de tu nombre. Imposible contener el cambio que produces en mí, siento esa sublime metamorfosis. Mi boca queda inerte con una callada sonrisa; su silencio desaparece cuando me detengo en una frase que con tanto tacto escribiste o dijiste, acompañado de una visión que se aferra a imaginar la malévola actitud, los precisos gestos y la insospechada intención del crimen perfecto de tu exquisita seducción.

Imagino tu cuerpo listo para recibirme con el alma abierta de par en par y las piernas listas para atraparme en lo que promete ser un apasionante vuelo.

Ahora río y me emociono al planear un nuevo encuentro contigo, al escuchar o al leer de tus proyectos, de ese espíritu anacoreta por vivir lejos del infestado mundo y construir el propio plasmado en cada palabra de tus escritos... maravillas... por haber nacido de ti y tener relación contigo... Son millares, ya te he dicho unas cuantas... el resto, lo que te conforma... ésas, solamente me las quedo yo.

Mis manos se humedecen, mi corazón sufre belicosos atentados de mis sentimientos. Me desconozco y necesito de ti para equilibrar mis exaltadas emociones. A decir verdad, esta fase es la más desagradable, me encuentro en el extenuante elixir de la duda por tu llegada, no sé si vendrás o pasaré una noche más entre frías sábanas.
Confieso que has sido el único hombre que ha arrebatado tanto mi tiempo, que ha ultrajado tanto mi pensamiento, que ha hecho tantas fechorías en mi trayecto, que ha llevado tanta ventaja en mis decisiones. Y también por el que tantas veces he suspirado. No intento ahogar nuestra constante polémica con sólo decir lo que siento, sólo es que contigo me vale más soñar que vivir, que a mi vida la has hecho un sueño y del cual jamás quisiera despertar, por mas trillada que se lean estas letras.

Por ti es por quien siento. No podría dejar completa dicha metamorfosis si hago a un lado el sentimiento que más tiempo acapara, que estoy segura lo has experimentado, la melancolía, la melancolía que me embarga por saberte materia, por saberte un ser palpable y vulnerable, la desilusión que se siente al abrir los ojos y no tenerte junto a mí, sobre mis piernas; por no poder aferrarme a tu cuerpo, por no poder acariciar tu mejilla cuando estás triste, por no poder abrazarte cuando menos lo esperas, por no darte un beso, por no interrumpir un bostezo con mi boca, por no decirle a tu oído que me enciende tu sonrisa, por no sentir tus manos juguetonas en mis costillas mientras mi mente evoca al más sucio y ardiente de mis deseos.

Y a qué todo esto, sino sólo un par de confesiones de almohada, que lejos de un puertita a los sueños es sólo un trapo amorfo con sabor a sal.

Yo sólo pido un abrazo tuyo, pero nunca llega. Veo la luna, veo su luz, veo al claro de luna y una lágrima que se seca con su reflejo. Me da la tonta idea de pensar que ambos coincidimos esa noche en su destello y nos acariciamos tiernamente con sus rayos.

El Sol se hace presente, y celoso de no estar presente en la milenaria orgía, desaparece todo y quema mi pensamiento con la funesta realidad, con la inevitable impotencia, con el desdén, con la tonta resolución de olvidarme de ti, con el coraje de saberme lastimada ante esta purulenta ausencia tuya. Por el idiota capricho de detenerte y no poder hacerlo. ¿Acaso has sentido lo que yo? Claro... Igual me doy cuenta que “el olvido es paralelo al dolor” y que “el olvido duele y el dolor no se olvida”. Y mi mejor arma para tan letal sufrimiento es mi frialdad.

Creo que ambos tenemos posturas distintas, la tuya vendría siendo: “Vamos valiente, salta por la ventana y ama hasta que duela”, la mía: “Vamos cobarde, no olvides nada y sigue sufriendo con los fallidos intentos” .

Ambas posturas reflejan la valentía. En la primera el valiente es ilusoriamente valiente y en la segunda, el cobarde es realmente cobarde. En ambas veo el equilibrio, lo que nos ha mantenido “juntos” y es aquí en donde aparece mi última transformación: La satisfacción. Esa paz y ese conformismo imbécil de haberte conocido. Realmente, lo que más espero de estas palabras es que no me haya explicado, pues al menos, así, ya tendrías algún fundamento, quizá mi ineptitud o algún otro que se te ocurra en el instante, para marcharte.

Ahora lo que espero es despertar a la Gregorio Samsa, sin una ilusión, sin el pronunciar de mi nombre en tu voz, en tu canto, en tu grito. Mas sin embargo no quiero despertar y verme presa de tu olvido. No quiero ni imaginar el horripilante insecto que sería al saber que algún día conocí la vida y ahora se me ha ido contigo.

Paulina.

2 de enero de 2007

Requiem por un año

Pues finalmente el año 2006 ha terminado.
Vaya, vaya.
No sé exáctamente qué siento al respecto. Este año ha sido uno de los más divertidos en los últimos tiempos. Y quizá por eso creo que lo extrañaré. Sin embargo, al estar acostumbrado a la eterna nostlagia, mi mirada está hacia el horizonte, que sigue tan incierto como antes, pero parece más cercano.

Pasé los últimos días del año en la ciudad de México, lo cual fue muy terapéutico. La verdad es que, no sé si sea porque nací en esa ciudad, pero hay algo de ella que me hace sentir bien. Por lo menos momentaneamente. Y además esta vez la compartí con mis muy queridos amigos, lo cual fue fantástico (aunque fuese poco el tiempo que estuvimos juntos).

Y pues, ahora, aqui en Guadalajara, dando un último estirón... El gitano que llevo dentro cada vez quiere tomar el control, y mi parte tapatía le dice "ya merito, tu tranquilo, no desesperes".

No sé que deparará este año 2007. Lo que si sé es que es el inicio de una nueva etapa de la vida. Y aunque no sé si estoy triste por el fin del año pasado, ciertamente estoy emocionado por este.

Rod